miércoles, 6 de febrero de 2013

Jerga médica y malos hábitos

Como en cualquier gremio, los profesionales sanitarios utilizamos una jerga propia. Sin embargo, tenemos una fama especial por utilizar el lenguaje técnico también para dirigirnos al paciente,  lo que nos hace incomprensibles y dificulta la comunicación. Pensamos que vamos a perder credibilidad o  parecer menos profesionales si explicamos las cosas de una manera clara y de “andar por casa”. Estamos acostumbrados, por ejemplo, a aconsejar “reposo vocal y abstención tabáquica”, en lugar decir “debe evitar hablar y fumar”. 

También es frecuente que abusemos de las siglas, incluso en los informes para los pacientes. Veamos el caso de un paciente que acude a vernos por dificultad para respirar por el lado derecho de la nariz. En el informe médico escribimos tan panchos: “MC: IRN por FND”. ¿Qué es esto? Pues el paciente cuando llega a su casa introduce los acrónimos en Google y lo que encuentra es: “Maestro de Ceremonias: Industrial Relations News por Fundación Nacional de Discapacitados”. Lo que nosotros queremos decir en realidad es: "Motivo de consulta: insuficiencia respiratoria nasal por fosa nasal derecha".

Otra manía que tenemos los médicos es el utilizar palabras en inglés, cuando la mayoría de las veces tenemos una maravillosa palabra en español. Aunque en inglés, claro, queda todo más “cool” (guay, a la moda). Es verdad que la mayoría de la literatura que manejamos es en inglés. Así, tenemos muchísimos ejemplos: “distress” respiratorio (dificultad respiratoria), “lifting” (estiramiento), “feedback” (retroalimentación), “staff” (personal, empleado), etc. Incluso tenemos frases completas, y nos encanta poner en la historia eso de “wait and see” en lugar de su traducción en español “esperar y ver” o “ver/vigilar evolución”.

¿Y nuestra capacidad de inventarnos palabras? No tenemos más que fijarnos en la palabra inventada “bultoma” (yo nunca la he usado). ¡Tiene un montón de entradas en Google! ¿Qué es un bultoma? Pues a día de hoy no lo sé. Si analizamos la palabra, parece que deriva de “bulto” más el sufijo –oma (que querría decir tumor). Si queremos expresarnos de manera técnica podríamos referirnos a tumefacción, masa, nódulo, o simplemente bulto. Si queremos hacer énfasis en que es un bulto “supergrande”, pues habría que usar los adjetivos correspondientes (grande, enorme, gigante…) o los sufijos aumentativos (-ón, -az-, -ac-…) y decir “bultón”, “bultazo” o “bultaco”.
Otra palabreja que no está en el diccionario de la Real Academia es “estadiaje”, usado ampliamente en el “estadiaje” de tumores o de enfermedades. Quizás provenga de la palabra inglesa “staging”, no sé. Personalmente prefiero utilizar la palabra estadificación, que además de estar contemplada por la Real Academia suena muchísimo mejor.

Este caso también es curioso, LA MANÍA DE ESCRIBIR EN MAYÚSCULAS. Imagino que será para no tener que andar cambiando de mayúsculas a minúsculas tras los puntos, o por la falsa creencia de que las mayúsculas no necesitan tilde.

Para terminar, menciono nuestro afán por comernos los artículos y las preposiciones. En el contexto de la escritura de la historia clínica puede estar justificado, siempre vamos fatal de tiempo. Pero cuando tenemos que redactar un texto científico (para un artículo o similar) también lo hacemos, y parece un telegrama. Veamos un ejemplo: “Paciente que acude por masa cervical derecha”. Al redactar un caso clínico, por ejemplo, podríamos dejar fluir el lenguaje y escribir: “Se trata de una paciente que nos consulta por una masa cervical derecha…”. No estoy diciendo que nos enrollemos. Opino que si una palabra corta va bien, para qué poner una larga; y que si una palabra parece innecesaria, seguro que lo es. Las frases tienen que dejarse leer, y nuestra intención es que el lector nos acompañe.

Si unimos las mayúsculas, la ausencia de preposiciones/artículos y las siglas, nos encontramos algo como esto:


 


Espero que esta entrada nos haya servido para hacer un poco de autocrítica (constructiva siempre) y reflexión sobre nuestros hábitos a la hora de comunicarnos con los demás, sean o no profesionales del nuestro ámbito.

Os recomiendo un libro que me ha gustado mucho: "Cómo escribir claro", de Jordi Pérez Colome

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